martes, 7 de febrero de 2017

LA TRAMA EN LA NOVELA HISTÓRICA

Conviene, primero, definir lo que se entiende por trama, pues muchos piensan que esta sólo es la peripecia que describen los personajes arrojados al ruedo de la narración, lo que les sucede en mil articuladas idas y venidas a lo largo del texto, sus interrelaciones, acercamientos, rechazos, superación de obstáculos, etc.

         Esto no es así, la trama es la forma en la que el autor presenta la historia al lector. Esta historia, que es, en teoría, una evolución de principio al fin —digamos para entendernos que desde el nacimiento del personaje hasta su muerte—, ha de ser vestida para que el lector pueda seguirla con comodidad y, sobre todo con interés. Quizá sea preciso empezar la historia por el final, o por la mitad; quizá se necesite contar mucho tramo temporal en escaso tiempo real, o al revés; quizá sea preciso dar más relieve a uno u otro personaje. Este conjunto de decisiones que el autor toma para que la diégesis —es decir la historia pura y dura—, le entre bien al lector y pueda apoderarse de su entendimiento, obligándolo a seguir hasta el final, eso es la trama.
         En novela histórica, este malentendido sobre lo que significa la trama, lleva a que los escritores no aprovechen del todo las posibilidades que les ofrece la Historia como una gran diégesis, como un gran argumento general que ya viene dado.
Me explico, si un escritor actual pretende escribir sobre Napoleón se preguntará: ¿qué trama creo?, ¿qué le puedo poner a hacer a Napoleón en mi novela para que no chirríe?, ¿no estaré condicionado por la historia que lo tiene tan documentado?, a lo que se responderá que mejor será dejar a Napoleón donde está para no meterse en camisas de once varas, que mejor será crear un personaje que puede ser un capitán de la guardia testigo de los acontecimientos, o el pariente del guarnicionero del Empereur, que será quien cuente la historia con una peripecia personal que se solape al acontecimiento histórico. Esto, según mi modesta opinión, es no entender lo que significa crear una trama. Si la Historia nos viene ya dada, si los acontecimientos documentados son el argumento que hemos de plasmar, sólo tenemos que tomarlos como están en la Historia y contar de los grandes personajes lo que la Historia no dice, penetrar en su profundidad humana, en la tergiversación que sobre su imagen se ha hecho, y formular hipótesis sobre su posible comportamiento como seres humanos que han sido.
Si hacemos esto con valor, podremos utilizar a Napoleón como hombre y descubrir al lector, por ejemplo, la razón última por la que el buen señor iba siempre con la mano por dentro de la guerrera, o por qué adoptaba una pose ceñuda como la del que va a mochar, o podremos escribir sobre los dolores de cabeza que le generaba el comportamiento impúdico de Joseffine. Tomada esta decisión, podemos iniciar el relato por el final, a la muerte del héroe en Santa Elena, o a vista de pájaro de la batalla de Waterloo, o a partir de cuando abandonó la isla de Córcega para acudir a la academia militar. Esto es hacer trama, tomar al personaje histórico con valor y buscar el arte preciso para presentarlo al lector como un héroe contradictorio.
Lo contrario, también legítimo por supuesto, parte de la idea de crear una historia particular para un adláter de la historia, para, por ejemplo, la hija del espolique del caballo del Cid. Esta técnica de componer peripecias a personajes secundarios en novela histórica es muy vieja, y avalada, nada menos, que por don Benito Pérez Galdós, admirado por todos los escritores de novela histórica.
Lo único que pretendo es subrayar que frente a la novela típicamente decimonónica, a la que podíamos llamar de trama, convendría ir dibujando un novela histórica moderna, a la que podíamos llamar de tesis, en la que el personaje histórico sea el auténtico protagonista.
Se trata de dos corrientes perfectamente legítimas en la novela histórica. La novela de trama tendría su más alto representante en don Benito; la novela de tesis lo tendría en Fernando del Paso.
         Eso es lo que he intentado hacer con CORNELIA DE GADES, Pámies 2017, una novela de tesis. En ella César y Pompeyo, Augusto y Antonio, aparecen como personajes contradictorios. Relacionados con Cornelia están los dos personajes históricos básicos, los dos Lucio Cornelio Balbo, de Gades, perfectamente documentados, pero a los que he querido aprovechar más como personas que como personajes históricos.

De lo que la Historia nada nos cuenta, tenemos, y hasta debemos, los autores de novela histórica, penetrar con la imaginación, y estemos seguros de que sobre los entresijos de la conciencia y de los problemas personales de fondo de los personajes históricos, la Historia calla como una bendita. Ese es nuestro cometido. Por eso, creo que CORNELIA DE GADES es un prototipo de la que llamo Novela Histórica de Tesis. 

2 comentarios:

  1. Es muy interesante lo que dices pero hay otro problema al que no se suele atender que es la estructura. ¿Conviene una narracion lineal sea cronologica o mediante flashback y forward (Vamos prolepsis para no ser tan barbaro)? Tal vez una estructura entrelazada como en la novela arturica, o circular como en un cuento tradicional? Cada vez mas me sorprendo encontrando autores que no han pensado en la estructura "antes" de la escritura y van un poco a la buena de Dios fiandolo todo a la potencia de la historia (trama) como si contar historias fuese siempre literatura. Enhorabuena por tus siempre interesantes entradas. JJ

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  2. Bueno, en la nueva novela histórica el tiempo no suele ser lineal, sino que se hace con él lo que se quiere, hasta entrando en el presente a través de una cortina de años o saliendo un destructor al tiempo pasado y abarloándose junto a una carabela. Mira a este respecto "Los perros del Paraíso", de Abel Posse.

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